DÉJENME SOÑAR

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Foto de Alejandro Berroa Bello .

Por  Alejandro Berroa Bello 

Recuerdo aquel día en que el maestro se acercó a mí caminando lentamente, pero con indescriptible firmeza. Me saludó como de costumbre, y como siempre me brindó una sonrisa que irradiaba la armonía que había en su alma. Entonces me preguntó:
-¿Estás listo para escuchar mi nuevo consejo?
-Sí, maestro. Lo esperaba con ansias –le respondí, mostrando un gesto de admiración y respeto.
-No permitas jamás que nada ni nadie te impida soñar con lo que quieres y luchar por lo que sueñas.
Aquellas palabras fueron una especie de bálsamo para las alas de mis sueños, ya que muchas veces fueron golpeadas por las fuertes corrientes de la duda y el pesimismo de los demás.
Al notar que su consejo llegó a lo más profundo de mi ser, el hombre de vasta experiencia y sobrada humildad me contó una breve historia:
Un soñador decidió salir en busca de la realización de uno de sus más preciados sueños. Un amigo le dijo:
“Estás loco”
Un individuo de esos que sin motivo aparente apuestan al fracaso de los que quieren hacer algo distinto, comentó:
-“Ya verá cómo fracasa”.
Los más viejos de su casa, temiendo a que aquel soñador sufriera una dolorosa decepción, le advirtieron:
-“Hijo, eso es imposible. No vale la pena intentarlo”.
Pero él aferrado a su sueño suspiró profundo y pronunció las siguientes palabras:
-“Déjenme soñar, porque sin sueños se apaga mi sonrisa y se muere mi esperanza. Déjenme soñar, porque en este mundo no existe nada que valga la pena sin que haya sido concebido antes en un sueño. Déjenme soñar, y sueñen conmigo, porque solo quienes sueñan pueden conquistar el universo”.
-¡Wao! ¡Cuánta grandeza! –exclamé cautivado por aquellas palabras.
-Cierto, pero no pierdas mucho tiempo contemplando lo que dijo. Mira más bien su convicción, su firmeza y su fe encumbrada, inquebrantable –me respondió el maestro.
Le expresé mi gratitud por tan oportuna exhortación e impulsado por la curiosidad le pregunté:
-¿Nadie creyó en el sueño de ese hombre?
-Se dice que unos pocos sí creyeron.
-¿Y qué dijeron ellos?
-Nada. Ésos prefirieron guardar silencio y cederle la palabra al tiempo, el cual finalmente habló.
-¿Qué le dijo el tiempo?
-Algo muy parecido a lo que te dije al inicio de esta conversación. El tiempo le dijo:
“No desististe; el pesimismo de los demás no te impidió seguir soñando y luchar por tu sueño; por eso lo lograste. Ahora los que aseguraban que estabas loco te felicitan, los que te dijeron que no valía la pena intentarlo se sienten orgullosos de ti, el que deseaba tu fracaso te respeta, y los que aun creyendo guardaron silencio, hoy pregonan su admiración hacia ti y apuestan al éxito de cada uno de tus proyectos”.

El autor es licenciado en Filosofía y Teología.

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