LA PALOMA Y LA SERPIENTE: CLIENTELISMO SALVAJE, ACERCAMIENTO LETAL

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Foto de Alejadro Berroa Bello

Por Alejadro Berroa Bello

No me gustan las malas noticias, pero ésta tenía que ser divulgada.

En una selva lejana, una paloma buscaba afanosamente qué darles de comer a sus pichones, los cuales yacían en su nido temblando de frío, a merced de los depredadores, aguardando un bocado que parecía incierto.

Cansada de buscar en vano, llena de tristeza y vacía de esperanza, la pobre paloma se posó en la rama más baja de un arbusto, sacudió su pico, y lentamente cubrió su cabeza con ambas alas.

De repente, frente a ella se apareció una serpiente que la había estado observando. Se le acercó bastante, quizás demasiado, y le dijo con estruendosa voz:

-Hola, buena paloma.

La paloma reaccionó súbitamente, volando hacia la rama más alta de un frondoso árbol, y desde allí comentó:

-¡Señora serpiente! ¿Desde cuándo me saluda, sabiéndose mi terrible enemiga?

-¿Tu enemiga yo? Nunca lo he sido ni lo seré.

Entendiendo que algo no andaba bien, la paloma comentó para sus adentros:

-Esta tiene que estar loca.

-Aunque te parezca imposible, yo me preocupo por ti y por los tuyos y siempre he querido ayudarte –afirmó el reptil mientras movía intermitentemente su fina lengua.

-¡Ay, sí! ¿Cómo no? Serpiente que se acerca a paloma, devorarla quiere.

Consciente de que con palabras no podría cambiar la actitud esquiva de su interlocutora, con su cola, el reptil levantó  una pequeña bolsa llena de granos secos, y sonriendo como sonríen los falsos, destilando veneno, le dijo:

-Para que veas que quiero ayudarte, mira lo que te traje.

-¡Comida para mis pichones!

-Sí. Comida limpia y sana.

Eso bastó para que la paloma empezara a confiar.

-¡Oh, amiga serpiente! ¡Qué buena eres! Viniste a saciar nuestra hambre, más o menos por tres días –le dijo.

-Y eso no es nada comparado con todo lo que puedo hacer por ti.

-¿Qué otra cosa podría hacer por mí y los míos?

-Garantizarles comida en tiempos de escasez y protección en este lugar donde impera la inseguridad.

El solo hecho de pensar que ya no tendría que preocuparse por comida ni por los depredadores hizo que la paloma se sintiera muy feliz.

-¿Y yo, qué tendría que hacer para obtener esos beneficios? –le preguntó.

-Pregonar que yo soy una serpiente buena y solidaria, escogerme como tu representante y llevarme a tu nido.

La paloma no dudó en aceptar la propuesta, y esa misma noche le permitió a la malvada serpiente quedarse muy cerca de sus pichones, a los que ésta devoró en silencio tan pronto aquélla cayó en un profundo sueño, del cual  despertó solo para saber cómo moría: escuchando el estallido de sus propios huesos quebrados sin piedad, quedando poco a poco sin aliento y dando su último suspiro en las fauces de una farsante.

En una isla muy cercana andan muchos monstruos malignos con aspecto humano. Son mil veces más peligrosos que la serpiente de esta historia, y no buscan mansas plomas, sino personas ingenuas a quienes engañar.

Todo isleño que ame a su familia tiene que  estar atento y esquivo, porque de lo contrario podría ser otra víctima de  un acercamiento letal.

El autor es licenciado en Filosofía y Teología.

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