Paraguay inicia la Semana Santa con un deslucido Domingo de Ramos en Asunción

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Por Noelia F. Aceituno

Asunción, 14 abr (EFE).- Una pequeña imagen de Jesús sobre un burro recorrió este domingo el microcentro de Asunción acompañada por las autoridades eclesiásticas, con el arzobispo Edmundo Valenzuela, y un pequeño grupo de fieles, de unas 100 personas, enarbolando las tradicionales palmas del Domingo de Ramos.

A pesar de que Paraguay se define como un país católico, la celebración que marca el inicio de la Semana Santa, y que rememora la entrada de Jesús en Jerusalén, pasó desapercibida en la capital, y eso que el tiempo invitaba a salir a las calles.

Los fieles se congregaron en el Oratorio de Nuestra Señora de la Asunción, conocido como Panteón de los Héroes, donde Valenzuela bendijo las palmas, trenzadas con hojas de pindó, nombre de esa planta en idioma guaraní, y pronunció un pequeño sermón en defensa de la familia tradicional.

La bendición dio paso a la procesión y los presentes salieron a la calle para acompañar la talla religiosa, escoltada por palmas y ensalzada con cánticos, hasta la catedral.

Mientras el grupo marchaba por el centro de Asunción, desde los restaurantes aledaños los clientes tomaban sus desayunos sin prestar demasiada atención a la procesión.

Esta actitud de indiferencia hacia la festividad también la han observado este año las vendedoras de palmas que cada Domingo de Ramos se instalan en la explanada de la catedral.

Isabel Sosa trenza y vende palmas desde los nueve años y aseguró a Efe que este año había notado un descenso en el comercio.

«Este año se vende menos, viene menos gente a la misa. No sé porqué, pero hay poca gente», comentó.

La misma percepción compartió Mary Duarte, otra de las comerciantes, que ha visto un descenso de participación en la misa del Domingo de Ramos.

«No hay gente, no es como el año pasado que había muchísima gente. Este año no hay», aseguró mientras trataba de vender de sus productos a los más rezagados.

Duarte no era la única que, con la procesión concluida y la misa ya empezada, conservaba bastantes existencias.

Al igual que ella, el resto de vendedores de la explanada exhibía sus palmas en el suelo, sin muchas perspectivas de que se agotaran.

Este negocio no se rige por la ley de la oferta y la demanda, al menos en la venta al público, y solo hay un precio único para las palmas: 5.000 guaraníes, el equivalente a unos 0,80 centavos de dólar.

Esta uniformidad responde a que muchos de los vendedores son de la misma familia, como dijo Sosa, que heredó este oficio «de generación en generación».

Esta mujer aseguró que solo necesita «unas pocas horas» para entrelazar las hojas de palma y elaborar «distintos modelos».

«Soy profesional ya en esto», sonríe orgullosa.

Las palmas del Domingo de Ramos todavía verdean, ya que las hojas de pindó se recogieron hace unos días, y se colorean con las flores que completan el trenzado.

«El material es la palma, la ruda, el romero, la siempreviva y todos los accesorios que lleva. Tiene que tener siete cosas, pero es caro y no le ponemos todo a veces», justificó Sosa.

Duarte, la otra vendedora, añadió que estas hierbas también «son remedios», tan populares en la cultura paraguaya, y sostuvo que, una vez bendecidos, pueden utilizarse «para el mal tiempo, para las criaturas (niños), para todo sirve…».

Dentro de la catedral, Valenzuela leía ya el Evangelio con la Pasión de Cristo, mientras fuera seguían llegando algunos fieles.

Justo Pastor se presentó con sus dos nietas, a las que además de comprarles las palmas, les agasajó con pororó de maíz.

«Venimos cada año en la catedral porque quieren ver el burrito, por eso les traigo. Les compro la palma siempre porque es nuestra tradición», compartió Pastor con Efe.

Esta tradición marca «el inicio de una semana muy importante para los cristianos», como es la muerte y la resurrección de Jesucristo, como dijo a Efe otra de las asistentes a misa, Raquel Centurión.

El Viernes Santo, miles de paraguayos se desplazarán hasta la ciudad sureña de San Ignacio de Misiones, para visitar los retablos elaborados con vegetales, en un escenario conocido como Tañarandy o «Tierra de los Irreductibles». EFE

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